N+2: A Colour Box - Len Lye (1935)

05 abril 2012

A Colour Box - Len Lye (1935)


Un cuadro de color
Sin diálogos/No dialogue

Entre azules, verdes y rojos, por limitaciones del reseau, filtro propio del Dufaycolor, antiguo proceso franco-inglés de coloración fotográfica, este rítmico audiovisual se muestra como uno de los más festivos y disfrutables de su época. Época en la que el cine experimentaba y explotaba sus posibilidades recién descubiertas, en piezas de corta duración, que condensaban las problemáticas de los autores en una idea general, desarrollada sin alargamientos ni ambages para no "turbar" al receptor con polisemias.


Así como desde un inicio se forjaba un establishment, soso y burgués,las infaltables corrientes rebeldes e innovadoras hacían lo opuesto, al desviarse del camino "correcto" para alegar con actos visuales, según sus influencias artísticas, contra ese sistema que empezaba a cimentarse. Si en un polo se mostraban formas figurativas e inteligibles, como gente en plática o laborando; en el/los otro(s), a cuadrados rojos dispuestos a danzar cual mortales, o líneas blancas que al hacer contacto con otras similares se disuelven como azúcar en agua, o fondos de apariencias moleculares que guardan en su trasfondo vivaces esfuerzos de atención, entre muchos más, tantos como la imaginación arroje, probablemente aún así quedando corto. Todos, en su visión propia del arte, enseñan que para cautivar no es necesario hacer uso de lo que todos conocen o identifican. La abstracción a eso refiere, a decir tanto o más que lo captado por nuestros sentidos en situaciones rutinarias, en el día a día.


Franjas paralelas que se redoblan y transforman en ondas sonoras visibles, colores que se alternan para dar dinamismo mientras algunas figuras con apariciones fugaces y esporádicas brindan versatilidad y apoyo al fondo generalmente azul. Por el final pareciera que diversos mosaicos amagan quedarse en escena, pero la melodía cubana de Don Baretto y orquesta, no permite estaticidad a ninguna de las partes, logrando la elaboración de un collage armónico en ritmos y colores. La festividad de la música contagia de movimiento incesante a todos los elementos que componen esta obra enajenante por su belleza cromática-móvil.

Un panel de expertos en el festival de cine de animación en Annecy, Francia, consideró a esta como una de las 10 obras más significativas en la historia de este género.
John Campos-Gómez (Opinología Crónica)


Si este corto tiene la importancia que tiene se debe a que es uno de los primeros ejemplos de cine abstracto (ya Hans Richter o Walter Ruttmann habían creado cortos de ese tipo en los años 20), un estilo, el de la imagen pura, imposible de conseguir en el cine convencional, pero sobre todo porque este corto es el primero abrir la vía de la animación sin cámara (cameraless animation) y dar paso a una larga lista de scratch movies, en la que el artista pinta directamente sobre cada cuadro de celuloide para luego proyectar el resultado.

Puede parecer sencillo, pero esta técnica exige del animador que tenga la capacidad de predecir como resultará en la pantalla la sucesión de patrones y dibujos que va plasmando en cada fotograma, de forma que tenga que tener en la memoria al mismo tiempo varios metros de película para poder calibrar los ritmos y secuencias. Una tarea que, en cierta medida recuerda al compositor, al poder aplicar en ambos casos términos como tempo, ritmo, temas, acordes y armonía, lo que explica que la inmensa mayoría de los creadores de scratch movies se hayan apoyado en temas musicales que les sirvieran de base para construir sobre ellas sus cortos y que luego se proyectaban junto con ellos, aunque otros, como Fischinger o Brakhage, intentarían crear cortos sin música para impedir que ésta distrajese a los espectadores de la dinámica de las formas y colores.


Dicho así, puede parecer que el resultado de esa técnica debieran ser áridos y cerebrales. Todo lo contrario, al menos en el caso de Len Lye, puesto que este artista de vanguardia intenta que la alegría y la danza se desborden a lo largo de sus cortos, una intencionalidad señalada por la elección de música, ni más ni menos que ritmos populares en ese tiempo, y que resulta confirmada por la explosión de colores que se suceden en la pantalla, el ritmo rapidísimo con el que suceden los patrones y las formas, remedo del tempo de la propia pieza elegida, de manera que prácticamente cada fotograma es único, junto con los propios movimientos de estos en el cuadro semejantes a los danzarines que escuchasen la pieza... todo ello dotado de una naturalidad y una fluidez inusitada, puesto que, no lo olvidemos, el cine no es otra cosa que una sucesión de fotografías y Lye tenía que construir cada uno en su mente y predecir como resultaría su sucesión en la pantalla, como ya he dicho.

Una obra que, como en muchos ámbitos del arte, se debió parte al azar y parte a la necesidad, puesto que el primer corto de Lye, Tsulava, aunque abstracto, está realizado al modo tradicional y la situación económica del artista en ese instante, un arista neozelandes emigrante en Londres le impedía reunir los fondos para repetir la experiencia, con lo que tuvo que buscar un medio para crear animación sin usar la cámara, pintando directamente sobre ella. Un necesidad que se conjugo como digo con el azar, puesto que su trabajo como montador de la GPO Film Unit (¡La unidad de producción de películas del servicio de correos británico, ni más ni menos!) de la que ya he hablado en otras ocasiones, le puso en contacto con John Grierson, uno de los grandes impulsores del documental británico y asímismo siempre abierto a las nuevas formas, que le compró la primera versión de A Colour Box, sin otra condición que añadir un breve anuncio, perfectamente integrado, de los productos de la GPO y el encargo de realizar otra serie de cortos experimentales/anuncios.

Si aún nos sorprende ese corto, podemos imaginar lo que supuso para el público de los años 30, al que su condición de anuncio le hizo llegar casi de forma masiva, produciendo reacciones similares, escándalo y tumultos entre defensores y detractores, similares a las de otras obras señeras de la vanguardia, cuyo relato es de todos conocido.
David Flórez (Caminando en círculos)


Animated shapes dance to Cuban music. This was one of the first animations to be painted directly onto the film.
Direct Animation (further referred as DA) is by far the most eccentric of all the animation techniques & undoubtedly the rarest. The very concept of it is so absurd that it still remains a puzzle to me how these monsters of DA like Norman McLaren, Stanley Brakhage & Caroline Leaf were able to make it work. But it all was later, until then there was Len Lye & his groundbreaking COLOR BOX. Any DA is always an experiment & COLOR BOX is no exception. The trick is how to make this experiment prevail & generate some artistic/production value. DA is totally about abstraction & viewing experience is the key point. When you watch COLOR BOX you can feel its affect on your 'sentiment, memory & imagination'. (KG)

Len Lye, born Leonard Charles Huia Lye (5 July 1901 - 15 May 1980), was a Christchurch, New Zealand-born artist known primarily for his experimental films and kinetic sculpture. His films are held in archives such as the New Zealand Film Archive, British Film Institute, Museum of Modern Art in New York City, and the Pacific Film Archive at University of California, Berkeley. Lye's sculptures are found in the collections of the Whitney Museum of American Art, the Art Institute of Chicago, the Albright-Knox Art Gallery and the Berkeley Art Museum. Although he became a naturalized citizen of the United States in 1950, much of his work went to New Zealand after his death, where it is housed at the Govett-Brewster Art Gallery in New Plymouth.


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http://www.mediafire.com/?044wapjskvt3dj8

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